Del cajón entreabierto

Caigo baboso babeante
reclinado en el sillón de la prudencia.
No voy hacia allá,
donde señala el vacío de la comodidad.
Pienso en tertulias, en pequeñas muecas, en un vaso de whisky.
Soy neutro, sobrio y de ojos caídos.
Soy viejo.
Los dedos me señalan en auxilio
pidiendo un rescate, el mío.
Soy viejo y feo y cómodo.
Las veo corretear en el horizonte,
las letras que van y van, ya escritas
sensuales a la lectura.
Soy bobo, creo, cuadradito.
Dejo que se vayan y sonrío por satisfacción de la ignorancia
pobre, mezquina, insuperable de ser tuerto.

2 comentarios:

Unknown dijo...

¿Qué te pasa con la Viola?

Fabián Muniz dijo...

¡Pobre tipo!

No es culpa de la vejez (hay viejos admirables) sino que es culpa de que en su juventud no debe haber hecho nada de lo que se pueda sentir orgulloso y hoy se lamenta.

Saludos!!!
A.A