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El último dedo del ahogado termina de hundirse en la arena/los perros apagan su ladrido y escapan cola entre las patas/la muy vieja luna me llora su aguacero/como fichas de dominó se ciegan los faroles del hastío/las veredas cariadas cubren de barro sus heridas/el suicida del puerto no tiene el valor y vuelve a casa con un motivo más para dejar de vivir/el mar se repliega hasta quedarse sin misterios/el aire se contamina de mensajes de texto que viajan y resuena sirena idiotizante en toda la ciudad/un rayo parte al mundo y me vibra el pecho/en el pantalón mi celular dibuja un sobre que contiene tus letras diciendo: te daré mil hijos/…y se ilumina el siglo en que fui eterno.



Eladio Camejo

Cinta de Moebius

(Senryus Orientales).


Muere el día

Y muere gris otra vez

Invierno en mí.


Invierno en mí

Pequeño rayo de sol

Luz esperanza.


Luz esperanza

Es teatro interno

Delirio manso.


Delirio manso

Sobre suelo incierto

Viajar descalzo.


Viajar descalzo

Deshaciendo el tiempo

Muere el día.




Eladio Camejo

una traición
mil traiciones
y es un día hermoso
ya nada hace llover
la normalidad de las horas malditas nos sorprende tomando sol
acariciamos una cerveza helada
tu vaso y el mío golpean las puertas del deseo
y ya no llueve
hace un montón de vidas que no llueve
hay un único rincón del alma que sigue llorando
pero ya no llueve
el mundo perdió su capacidad de conmoverse
acariciamos la cerveza helada
golpeamos, si hay, el otro vaso
las palabras del correo electrónico no tiemblan ni abrazan
nos contaminamos de imágenes y garabatos que no hacen llover
la normalidad de las horas malditas nos sorprende tomando sol
hay un único rincón del alma que domina el lenguaje de señas
y por eso
sigue llorando…


Eladio Camejo
Nosotros, los melancólicos,
ansiamos la lluvia para ejercer con vehemencia;
son sus gotas sogas que nos rescatan
de perecer en la tristeza de ser ignorados.


Eladio Camejo.

Carta de un amigo feliz

Querido amigo:
Hoy puse en movimiento el mar, formé una a una las olas que desarmé casi inmediatamente. Hice bailar a la arena de la playa dando giros y elevándola para aterrizar suavemente sobre si. Cantaron mi canción las gaviotas, puse a soñar al gran lobo marino del puerto. Vi triste al vendedor de pasteles y le mandé una familia dominguera. Recorrí la vida entera de los pescadores y llegué hasta su muerte; no me gustó y la cambié. Seguí caminando. Llegué al final de la tarde donde el sol se ponía sin una nube que coloreara el crepúsculo, asomé una tormenta para llenar de rojos el horizonte. Desaté una nube que llegó hasta aquí con una llovizna que dio tiempo de refugiarse a todo el que quisiera; bajo el techo del kiosco de los helados observé la caída ruidosa de un chaparrón. La arena se aprisionó para la caminata del anochecer; cumplidas mis órdenes la nube desapareció.
Con las últimas luces la playa estaba sola y casi hermosa. Encendí el ladrido de su perro, presagiándola. Caminábamos los tres bajo la claridad de la luna junto al bravo mar, llegó hasta mí con su vestido claro y pasó a mi lado con su rostro ruborizado.
La Mano que yace enterrada en la arena mudó su grito de auxilio y me levantó el pulgar.

Un abrazo:
Tu amigo siempre.

Eladio Camejo
Querido amigo:

Entristece el alma observarte, amigo. Duele hacer el camino de vuelta oliendo tu inapetencia, sentado junto a tu historia de anhelos cumplidos frente al televisor y de sueños interrumpidos por cortes de luz que aniquilaron la magia.

No sé como decirte para que entiendas cuánto duele beber casi juntos este vino que no es alegría ni olvido, en este bar donde triunfa la desconfianza y crece lento pero crece y se hace inmenso el pasado. Duele y duele mucho ver que ya solo seas pasado y que el camino ya solo sea de regreso. Por qué te cuesta tanto levantar la vista y mirar de frente al horizonte que nos sigue esperando y que no nos olvida.

Tengo mucho miedo, amigo. No quiero volver a estrellar mi vaso en tu cuerpo y que te destroces en mil pedazos. No quiero volver a quedarme solo con esta tristeza que viene creciendo lento, pero creciendo y ya es inmensa.

Un abrazo.
Tu amigo siempre.
Confundido siempre.

Eladio Camejo
Cargamos la mochila de bares,
mujeres y más bares y noches
y alguna ausencia y algunas muertes
con y sin sangre
y calles, muchas calles
que vaciamos de gentes
hasta fastidiar la carga
de los hombros que
...............................ya
...................................no
.......................................soportan
.....................................................tanto
.............................................................peso
y g
.......o
.........t
...........e
.............a
a nuestras espaldas
una poesía gastada
que nos gusta encontrar,
olvidada
en la hora que advertimos los viejos retornos,
ignorando que nos pertenecen,
que nos perteneció
............................................r
........................................s.......e
......................................o...........c
.....................................n.............o
......................................r...........n
........................................e.......o
............................................c
y sentir
......que no
............estábamos
........................tan
............................s..................o..................l..................o..................s.



Eladio Camejo
Un sueño, como todas las cosas reales, no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Y sucede que hoy mi sueño no vino aunque desperté con la sensación de haber soñado. Estoy seguro de que no vino y de que el sueño existió. Esta noche existí en alguna parte. Fui sueño. El mismo que hoy no vino. Fui la otra cara, la que no se puede ver. Eso, que hizo que alguien en alguna parte quisiera seguir un día más, por ver qué pasaba.


Eladio Camejo

Crónica de un encuentro

Conocí a Eladio Camejo en un ómnibus. Venía yo desde Montevideo y frente al hospital de clínicas subió el poeta. Había leído algunos de sus poemas en el hongo y luego en revistaricardoreis. Nada sabía de él. Dónde vivía, dónde trabajaba.

Cuando subí en tres cruces y luego que nadie se sentara a mi lado creí que viajaría solo hasta mi ciudad, pero no, unos minutos después, un hombre se paró frente a mi asiento, desorientado. Este hombre de mediana edad miraba su boleto y la parte cercana al techo del ómnibus, repitió este gesto unas cinco o seis veces hasta que me dijo permiso y se sentó a mi lado. Eladio se presentó, buenas tardes. Buenas tardes le respondí.
Luego que el guarda cumpliera con el habitual recorrido hablamos de temas triviales: el veranillo, el robo de Nacional a Tacuarembó, el temporal de santa rosa, hasta que vi unos libros de Pessoa y el tema de conversación nos llevó a la literatura. Soy Eladio Camejo dijo, mucho gusto; el poeta le respondí. No sé si poeta, yo solo escribo dijo terminante, mientras le pagaba a un vendedor el importe de unos chocolates que había comprado.
Durante el viaje, la literatura ocupó nuestra charla. Unos kilómetros después de Pan de Azúcar y antes de llegar al camino de acceso a Pueblo Edén, el poeta me confió sus poemas para que los leyera y les hiciera una crítica.
La última vez que lo vi fue en San Carlos. Vive aquí le pregunté, no respondió y con un ademán se despidió, no sin antes decirme, no se olvide de leer los poemas y después me escribe.

Eraclio Antunez

Semblanza publicada en la revista cultural de Cebollatí por el corresponsal en la costa de Maldonado don Eraclio Antunez.
Hoy las olas del mar tocan violines. Tocan Stravinsky. La arena esta leyendo a Nietzsche. Intento ver qué título pero me distrae la danza de los medanos que no leen, prefieren la música. El cemento de la calle se echó a dormir. Los edificios juegan fútbol. El viento susurra un poema al oído de los árboles. Los árboles cargados de vida inclinan sus cabezas, todas lacias. La luna, a pesar de su palidez diurna, coqueta y engreída, sigue sola. Voy a esperar que baje el sol. Voy a subir. Voy a quitar sus telarañas cargadas de versos esqueléticos; y a ver qué pasa…



Eladio Camejo
Ruge un gol del ´74 en la pantalla de un bar del 2000/salva el futuro un Dr. Mentira que suprimió su historia en otro bar en el mismo televisor/un hombre engaña a una mujer que lo engañó antes después que él la golpeó ya no en un bar sino en casa linda tres dormitorios uno en suite televisor el mismo/un policía se comporta y es agente y ya no yuta en la habitación de una pensión donde insiste aquel televisor/periodista es juez rey y santo investiga descubre juzga y no lo que la justicia no pudo o quiso lo que él el de la televisión/roñosa mujer hermosa se enamora y es amada por ilustre rico de casa de siete pisos que ella alguna vez limpió para hacer caer la lágrima de señora grande que mira sola la televisión/golpe justo justito del tenista argentino que festeja un pueblo como rescatando frente al otro el inglés la vida de aquel chico que en Malvinas se quedó sin ojos para la televisión/sigo andando un farol parpadea y se duerme frente a la plaza otro bar me espera junto a la ventana una mujer utiliza el celular para escribir un poema piano jazz voz bien negra flota falta algo y me hace bien.


Eladio Camejo