Conocí a Eladio Camejo en un ómnibus. Venía yo desde Montevideo y frente al hospital de clínicas subió el poeta. Había leído algunos de sus poemas en el hongo y luego en revistaricardoreis. Nada sabía de él. Dónde vivía, dónde trabajaba.
Cuando subí en tres cruces y luego que nadie se sentara a mi lado creí que viajaría solo hasta mi ciudad, pero no, unos minutos después, un hombre se paró frente a mi asiento, desorientado. Este hombre de mediana edad miraba su boleto y la parte cercana al techo del ómnibus, repitió este gesto unas cinco o seis veces hasta que me dijo permiso y se sentó a mi lado. Eladio se presentó, buenas tardes. Buenas tardes le respondí.
Luego que el guarda cumpliera con el habitual recorrido hablamos de temas triviales: el veranillo, el robo de Nacional a Tacuarembó, el temporal de santa rosa, hasta que vi unos libros de Pessoa y el tema de conversación nos llevó a la literatura. Soy Eladio Camejo dijo, mucho gusto; el poeta le respondí. No sé si poeta, yo solo escribo dijo terminante, mientras le pagaba a un vendedor el importe de unos chocolates que había comprado.
Durante el viaje, la literatura ocupó nuestra charla. Unos kilómetros después de Pan de Azúcar y antes de llegar al camino de acceso a Pueblo Edén, el poeta me confió sus poemas para que los leyera y les hiciera una crítica.
La última vez que lo vi fue en San Carlos. Vive aquí le pregunté, no respondió y con un ademán se despidió, no sin antes decirme, no se olvide de leer los poemas y después me escribe.
Eraclio Antunez
Semblanza publicada en la revista cultural de Cebollatí por el corresponsal en la costa de Maldonado don Eraclio Antunez.