Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Montesino. Mostrar todas las entradas
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1


pasadizo y bajo tierra están sin otra misión — aquellas flechas no vagan por el aire con su temblor de segura muerte — quietas ahora sobre la tierra que es el arriba o de pie en las paredes arrinconadas de los pasadizos — esperan al amo — quien blandiendo su espina suelte toda la furia — no me crean — todo esto es una vulgar mentira — los aires no hay aquí para nadie — en otro momento quizás — pero no ahora — cavernoso este sitio se las ingenia para aplastar toda intención de furia — yacen en racimos — las manos fláccidas a un lado y otro del cuerpo — no tiemblan ni se tensan — se dejan estar en una blandura malsana y opiácea — las voces de los primeros tiempos continúan rebotando sin fuerza en los corredores — hay barro y roedores que acaban de ser descubiertos — válgame dios si éste no es el infierno — alejada toda voluntad de crucifixión — invadidos los cuerpos por costras vivas que les dan sin paradoja alguna una capacidad de acción que jamás soñaron



2


escarban en la tierra helada — una potencia que desconocen mueve sus brazos — animales sin linaje buscando la salvación más abajo — las miradas incrustadas en la nada oscura que les presenta su propia acción salvaje — hienden — bajo la piel del rostro no se percibe alma ninguna — el cristal de sus ojos es impermeable a todo gesto — cada tanto alguno lleva a la boca un puñado de tierra — la sal y el agua que esconde esa masa que separan para llegar al fondo es una atracción prácticamente irresistible — van transformándose a medida que se entierran en los huecos que abren — enfrentarse a la oscuridad es un desafío más leve que lo real de esa luz mezquina que abandonan — luz al fin — sierpes — perderse es encontrarse en esta ciénaga cubierta de nieve a veces — de vegetación informe — el lodazal es la puerta de entrada — y sus corazones vibran ante la latente posibilidad de alejarse para siempre de lo más temido — una superficie hostil — una cavernosa posibilidad de encontrar el fuego — deberán atravesar ríos de corrientes más feroces que un hambriento enjambre de agujas de hielo



3


qué clases de engendros irán a su encuentro —



4


sueltan las esporas de los hongos — único alimento — en sus propios cuerpos costrosos de oscuridad nacen y es la noche



5


sólo los guardianes que en las bocas de entrada han quedado — los hombres y mujeres más feroces — sólo ellos se permiten la mezquina luz de la superficie — están armados con maquinarias habladoras — convincentes — ni musarañas — ni ratones — ni ratas — ni castores — ni marmotas — ni topos — ni liebres — ni conejos — ni comadrejas: mykuré kuéra — ningún roedor debe pasar las máquinas — sus cuerpos son molidos y consumidos por la voracidad de los guardias — los vagabundos del infierno de la luz mueren cerca de las bocas de entrada — sus miradas perplejas ante la imposibilidad — vencidos de antemano



(fragmentos del libro inédito Del infierno y los roedores)



Jorge Montesino

ARABIMIA TIERRA TERRACOTA

(un texto inicial sin barcos ni bicicletas)


ahora viene de cuerpo entero / una rampa para saltar al vacío donde el cuerpo se vuelca y no termina de caer nunca un choque de frente / desmesurado perro que va contra la pared y se da de bruces sin aminorar la marcha ni evitar el impacto que es de piedras blancas y se ejercita y se convierte en dientes hocicos y trompas en el suspenso de la luz / y los deseos de la fruta en las manos vacías / y los deseos de la fruta en las manos llenas / y los cinco dedos de tu mano que aprietan el viento y me lo traen hasta el plato en el que como


un lobo solo


un lobo solo que ruge


un lobo solo que ruge y descansa


es de agua la noche entera y los pájaros salen de los úteros del sueño, innumerable el vuelo / son nuestros también esos cuerpos y en las columnas, sobre los reflectores, todas las gaviotas son la misma figura desprendida con las mismas tijeras y una ola cubre la isla que tenemos frente a nuestros ojos


los cinco dedos de tu mano me traen el aire apretado y lo sueltan en mi boca / planear es nuestro / planear es de la piedra y del cuerpo del agua / planear debajo de la piedra / planear en situación de instrumento en tanto música y los bosques como elementos en ebullición de una tabla desconocida en la que escribimos la historia con un pedazo de madera liso y afilado


(fragmento del “poema-libro” homónimo, inédito, 2009)



Jorge Montesino

Una trampa es una trampa

no hay manera de que las palomas escapen. se trata de un aparato de alambre, fabricado por las manos de mi abuelo, que se levanta del piso en forma convexa y es implacable con ellas. la malla o el tejido "o como mierda se llame" es de dibujo exagonal, pequeño. cerrado quizá sea el adjetivo que mejor describe la densidad del dibujo. las aberturas por las cuales ingenuamente las palomas ingresan a la trampa son redondas. la trampa tiene tres o cuatro de estas entradas en lo que, podría decirse, son sus costados. el secreto para que los pobres bichos no puedan salir, una vez que han entrado graciosamente a la jaula, está en una especie de mangas de alambre que desde los círculos de cada una de las aberturas de entrada se extienden hacia el interior, afinándose, haciéndose más y más estrechas a medida que avanzan hacia el centro del tramposo espacio. pero los bichos son bichos, no calculan, su instinto no está preparado para razonar las posibilidades que le esperan una vez dentro de ese círculo (no lo dije pero la jaula es circular) donde abundan los granos de maíz que las atraen. el hombre que ha puesto allí el aparejo sí ha razonado, calculado las posibilidades, previsto las formas. primero hizo un dibujo sobre un papel amarronado en el que había traído del mercado, envueltos, unos bollos rellenos de dulce de leche. luego buscó los materiales, los dispuso cerca del lugar de trabajo elegido y con una pinza común y una tenaza no muy grande inició la tarea. construyó un aro de alambre grueso, bastante pesado y rígido, la base de la jaula. después unió los trozos de tejido alambrado de dibujo exagonal formando una especie de iglú pero de alambre. construyó aros más pequeños, para montar las entradas, también con alambre grueso y rígido, y les fabricó las mangas dejando asomar una sonrisa mientras las hacía finitas en la parte interior. cuidó bien de hacerle unos flecos de alambre pinchudo por si los pájaros intentaban acertar el pequeño agujero para salirse, aunque esa acción resultara improbable. pensó: debo cuidar todos los detalles. pensó: un buen guiso de palomas es tan sabroso. pensó: los tomates están madurando, las zanahorias ya deben estar en tamaño justo, los morrones se están poniendo bien rojos... pensó: un buen guiso de palomas es tan sabroso. midió los círculos de las aberturas y cortó el alambre de la estructura principal para montarlas. anudó cada hilo con cuidado y cuando estuvo lista la dejó en un rincón del galpón hasta el día siguiente. una trampa inútil ocupando todo el espacio de la noche. un lugar que se termina abruptamente cuando la trampa está en su lugar, junto a los galpones de la arrocera. en el interior de la jaula mi abuelo ha puesto tanto maíz como para alimentar a una gran bandada de palomas. los granos naranjas con sus destellos parecen ser parte de un coro de arrogantes adolescentes. las palomas entran y el mecanismo comienza a funcionar. al terminar sus horas de trabajo matutino, el hombre va hasta la pileta, con la camisa arremangada hunde los brazos en el agua que usa para lavar las verduras, se higieniza, luego busca una bolsa de tejido rústico y camina con tranquilidad hasta la trampa. abre la puerta rectangular que está ubicada en la parte superior, mete la mano y manotea el aleteo y los cuerpos de cada uno de los bichos. los coloca en la bolsa que mantiene cerrada con la otra mano. terminada la tarea y con la bolsa llena va hacia el galpón, ata la boca de la bolsa con un hilo y se marcha hacia la casa. la muerte vendrá después a quedarse en el cuerpo de cada pájaro



Jorge Montesino

La superficie rota

es inadecuado

la muerte propia no tiene descripción


la gente que lee sobre la muerte

quiere aprehender en imágenes lo que nadie puede ver hasta que llega

quiere tener en sus manos bien agarrado al muñeco que ya no existe, el muerto o el que está en ese proceso en este mismo momento, alguien que le cuente exactamente de qué se trata


quiere saber que el pecho se le resquebraja

la gente que quiere leer sobre la muerte


imagina que cientos de animales golpean con sus cabezas y atormentan con sus hocicos la cáscara dura del pecho, buscan una salida, que una bandada incrusta sus picos entre las costillas y desprenden el esternón. que un reptil se arrastra a ambos lados de la columna y al fin aprieta entre sus dientes la nuca, la base delcráneo


deslizar subcutáneo

todo bajo la piel

la gente que intenta leer sobre la muerte


la muerte ocurre bajo la piel. dentro del cuerpo. la muerte ocurre dentro del cuerpo. de adentro hacia afuera. La muerte tiene una dirección. te persigue siempre en un mismo sentido. lacera. humecta. roe. escama. paraliza. pica. Rasga


la muerte propia no difiere cuando ajena

toma entre sus dedos cada hueso

y lo parte una y otra vez. se introduce en cada arteria y con su filosa aleta dorsal corta abre un solo surco. produce temblores, sacudones, choca contra los órganos blandos, los ulcera, los bebe, los macera, los seca, los desgrana… la muerte paraliza y se nutre de esa quietud y se abre paso y es un nadador subacuático sediento de aire y se abre paso y busca la luz que lo enceguezca para romper la superficie



Jorge Montesino

TIERRA DE NADIE

la campanilla del almuerzo sus tintineos : tierra de nadie :
un país no pensado
y apenas se nubla porque las patas de la luz son flacas :

ocurre cuando un gato habla o si un hombre desfila desnudo en una calabaza
un cochero la recoge y se la lleva para el almuerzo : tierra de nadie :

si un lobo
si una bondadosa mujer
si una casa de chocolate
si unas migas de pan
si un sombrerero
si un erizo viene para la pascua
de cualquier modo el almuerzo es tierra de nadie

la campanilla del almuerzo sus tintineos : tierra de nadie :
un país no pensado
y apenas se nubla porque las patas de la luz son flacas :

ocurre cuando dos hermanos se van a matar
de cualquier modo el almuerzo es de nadie
una extensa tierra

pero
donde entra el cordero
no no no no no no
los corderos no entran, saltan la cerca
un conejo y un clavicordio también saltan la cerca - - - pero al unísono
el clavicordio cae primero

la cerca es, convengamos, objetivamente : tierra de nadie
como el almuerzo : igual pero diferente
detrás de la cerca o en el almuerzo :
en él
pueden instalarse
fábricas de pan chinés
envasadoras de arroz chinés
talleres de ojos de vidrio chinés
mercaderes de diversa índole
comerciantes cuyos lemas están escritos sobre cartón
es obvio que el almuerzo es una frontera y queda claro
que los corderos saltan la cerca
eran dos hermanos
se van a matar


(fragmento de un poema incluido en el libro inédito Un cordero rojo que en el verde campo bala)


Jorge Montesino

Acrobacias

¿y si no te resistieras,
y si el salto fuera
un solo
maravillarse del aire,
desnudos los pies,
desnudas las manos?


¿siempre hay un vaso cuando el agua,
siempre el cuenco de las manos,
siempre la boca?


dibujos
en el aire
el agua ---
los pies ---
las manos ---
la boca ---


¿cuál atardecer es el que te ensombrece
cuál luna que ver no quieres,
la que no mira de frente,
acomplejada luna
pudorosa luna
que se viste
de arco
iris?


alice debería ser tu nombre
de un tornasol
no permitido
sino en algunas noches
sino en algunas lluvias


y si de todas formas el salto
allí, estantes
con pedacitos de carne
dedicados con rúbrica y todo


y si de todas formas el salto
no acantilado
no ¡ plaf ! en el final
no final, sólo
puro salto
una conferencia interminable
de estantes con objetos
que parlamentan:
un cuchillo grande y filoso


sí, había cuchillos
de carne y hueso
cuando niños:
el del mango cilíndrico hecho de arandelas de piedra
de colores alternados, colores de piedra
diecisiete veces vio
el alma del que veía que se iba muriendo una muerte de piedra


sí, había zarcillos secos
en el patio húmedo de los inviernos;
decir quebradizos, duros y frágiles
es decir zarcillos


preguntarás si el salto es salto
o ingravidez
y se me caerá una lágrima


y si el salto fuera:
si ahora tengo cinco años
y el agua se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero la piedra: oh, piedra


y si el salto fuera:
el flotador se va de cabeza
y el agua se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero la mano: oh, mano


y si el salto fuera:
el cable que aprieta

sus dedos invisibles
y el flujo invisible se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero la fuerza: oh, fuerza


y si el salto fuera:
el niño cruza la ruta leyendo
y el auto se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero los frenos: oh, frenos


y si el salto fuera:
un impulso directo

sin medida ascender

a la rama del árbol
y la rama se quiebra, se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero el perfume: oh, perfume


¿qué salto es el salto del niño
surco tras surco
pierna tras pierna
sobre los repollos?


(vendrás como una loba
vendrás como una cabra
vendrás quizá de singular serpiente
serás ese animal sin nombre
que espero en estas muertes
ese animal donde de alcanfor
se monta
para caer en redes
que morirán su alma)


el salto carretel
su cuerpo, el roce,
los sonidos
y el hilo se desprende
perfora lo que haya
el aire

la escasa longitud
que de viaje
el carretel me ha dado
unos ojos grandes



Jorge Montesino

Boliches en agosto en Maldonado (día dos)

En el día de ayer tuvo lugar en Jazz Café la Segunda Jornada de Boliches en agosto, versión fernandina. Ante la ausencia de Da Silveira (enviado especial de RRR al exterior en cobertura de la fiesta en honor de la Virgen de Urkupiña en Quillacollo, Bolivia) la gerencia editorial depositó en quien suscribe la homérica tarea de traducir a palabras lo acaecido sobre la calle Ledesma. Si el buen Rodney me hubiese advertido sobre lo complejo de la tarea, habría dado parte de enfermo, no por el goce personal que lo fue por momentos en grade sino por el cúmulo y la varieté de fenómenos suscitados.
El presentador, curado de espanto, comenzó de una manera más diplomática, bisexual o bigenérica o kirchnerista, aunque por la repetición de situaciones similares ya se aproxima a Fagúndez (personaje encarnado por Pinocho Routín) con menos gracia.
Se dieron cita en lugar tres poetas de quehaceres distintos, de ropajes distintos, de planetas distintos y de performances distintas: Juan Ángel Italiano, Marcelo Mediza y Jorge Montesino.
Alguien dejó correr el rumor de que la presencia del Luis Pereira se debió al orden de los poetas: IMM. Rumor farandulero que cobró vigor luego de los saludos y agradecimientos de Italiano.
Como nota personal, diré que me causaba curiosidad la posibilidad de una oleada de barrabravas paraguayos, no solo por la presencia de Montesino sino por el curioso descubrimiento de José Luis Félix Chilabert Jr, hijo del portero guaraní que responde al mismo nombre, sentado en un rincón, intentando seducir a una morocha con frases como: "no te preocupes, pago yo, sería poco caballero de mi parte", etc.
Esto y más servían de decorado a una jornada poética que transcurrió entre aplausos y gestos de aprobación.
Italiano arremetió con una serie de poemas suyos y de otros (Maslíah y Jobim entre tantos), con cantos gregorianos post modernos y criollos que generaban una atención particular en público y dejaba un apetecible gusto a vanguardia (tomá!).
Cierto malestar físico intentó jugarle una mala pasada a Mediza haciendo que su intervención fuera breve pero disfrutable.
Montesino cantó y recitó, casi bailó (creó), en varios idiomas y varios tonos melódicos complementándose con otro poeta de escasos centímetros de altura y poca edad que apareció de repente y que se acopló, en vaya a saber qué idioma, en una suerte de a dos voces.
Esperemos el pronto regreso de Da Silveira y la tercera jornada de Boliches en agosto.


Rodrigo Ríos