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Posmo

“Soy lo que más odio”


En escenas, barato, se retuerce.

Mutila toda desesperación, enhebra rastros de

un hilo de seda en las venas palpitante.

Renace frente los helados ojos,

lo hace en segundos,

lo hace en segundos.

Rojos ojos, tus ojos, mojos.


Parece toda una celebración

de degenerada plastificación.


Yo

envuelto

en mí

cáscara-ser.

Autodiosifico lo que me da asco,

lo

que

obliga

al

inevitable

vómito.


Perpetuo, gracioso e irónico

soy hermoso entre los más bellos.


Mi imagen pesa

mi presencia ciega, deglute astipulcros.


Ni siquiera me gusta,

mover mis piernas

en círculos

cuadrados.


No

lo

hago

por

ti.


Pretender lo impretendible en la sustancia misma de lo indescriptible.

Suena fácil,

y

sin embargo

no

lo

es.


Augusto Coronel

Quizás intensifica



Que si la gloria introduce aire muerto en sus pulmones y explota en bellos jirones de irónica maestría.


Que si el ardor punzante de las mañanas coloradas se disfraza de posibles intenciones.

Que si solo retumban a los lejos ecos enredados en enredaderas enredantes de inocua expiación.


Cuantas veces espero tu cantar de las tres.
Es tan triste arrodillarse frente a deseos de enfermiza compulsión.


Descaro

gritos
mentira.

NóIcCuRtSeDoTuA.



Texto e ilustración: Augusto Coronel

Era todo por el calor,

era poco

si hablamos de

dolor.


Era la inclemencia de lo benevolente,

el aire embotellado en

el ombligo de mi

garganta,

los silencios

y el crack inerte

de mis sentidos,

moría.


Eran días de bebida,

era expulsión de materia negra

sobre la alfombra, era vida.


Y sin más vueltas que la de una tuerca,

me estalló,

me estalló,

me implotó,

me implotó.


Eramos tal para cual, nos saciábamos

entre relojes de sangre.



Augusto Coronel

Ballet de flores negras

Esas pupilas ciegas

y

el ocio en la ventana

y

las horas beodas

y

esa triste manera

y

ese miedo tiritando

y

tu silencio hablando

y

ese ballet de flores negras

y

el viejo piano sin teclas

y

esa monotonía enferma

y

los párpados ásperos

y

la filosa muerte.


Augusto Coronel

Sobre relojes histrióncos

Hiel bajo la piel,
de hielo gotas sobre las escaleras.
De igual manera,
yo no soy el principio ni la zozobra.

Cien tambores hijos,
sobre la espalda arrugada y sola.
Suelto esta piola,
ahorcando mares de silencio.

Pienso, esa fútil lágrima
cava huera sobre cenizas rojas.
Cómo un árbol sin hojas,
pelado y desnudo ante el tiempo soy.

Hoy, ayer, todavía,
tiembla el eco de aquellas secas gargantas
peladas también y ásperas vencidas
y trémulas de tanto zigzag enfermo
y vueltas de rosca.

De que sirven las carcajadas rojas de
calor si el tiempo me desvela,
el tiempo me desvela para escupirme
firme cual estatua sobre esas frías escaleras.



Augusto Coronel

Confieso

Te llamo
cruzando el mundo,
entre alientos
y sangres.
Soy el ademán corrupto
de dios,
un sentimiento
helado, el quiebre y
no es mi culpa.
Todas las veces
que lo quise
hacer por
un segundo
más, borracho
y muerto
de miedo ante
los siglos.
Son todos los disfraces
de este
mundo
que me obligan
a morder los
pezones de la
muerte,
quizá renuncie
a ser
y escupa
los espirales
del tiempo
más solo que
la ausencia.

Augusto Coronel

La erección de las masas y su poca duración

Digo que grito
me amo
devoto a
lo podrido y blanco
de vivir ahora
tengo lo que quiero cuando quiero
y quiero y quiero
y estoy solo
soy hijo padre y nieto de la velocidad
de plástico mis tripas
y de papel mi mueca
siempre fui único
rojo de asco y
rojo
carne
placer
erecto y duro
es ta tan
cerca
y lejos la muerte
después de esa blanca no hay nada
ni pétalos
ni pétalos
ni tuétanos
ni tuétanos
nada ni siquiera
dos relojes masticados
por eso muerte
tengo vida
tropel
carne
efímero todo
del cuello para abajo soy una flecha
y emborracho a mi sangre
con mil palabras
veneno directo cabeza estalla
mientras nadie escucha
el crack de mi sinapsis
bestia
y la locura no es excusa
para el amor
mejor desnudo
de credibilidad,
devoto a lo podrido
y blanco de vivir ahora
hoy.
Augusto Coronel

Posmografía 1

Hijo soy de tu salado calor
de yoísmo rojo

y de las espermas gotas de tus
llantos verdes
que

caen
desnudas

sobre el canto quebrado y nimio de mi ego
y de la carne de sulfito
y alambre.

Los presos me salvaron la cordura
y del aire de metal ácido que respiro
en las cenas blancas

de caricia y veloz existencia,
mojando el paño

sobre la frente árida de los tres puntos
cardinales,

y el quieto silencio de su presencia
es el fin.



Augusto Coronel

Celebración

I
De la matriz de carne nació el latido cuando los tambores del hijo gemían en silencio.
El acto y el desnudo. Después, nada, ni siquiera el ombligo de dios.
Recordemos que el hijo tuvo un hijo feo y no es el de que todos hablan en la jungla de legos.
II
Al espacio violado por el murmullo la inercia y el tiempo lo hicieron mueca irrisoria en nuestra carne roja, ya no era espacio, era un fragmento de pigmento desquiciado en una mente líquida, por eso todos celebramos el chiste de la existencia.
III
Los mártires de hoy no son más que soldados seudo altruistas
envueltos en telas rojas de sed prematura,
muerte, zozobra y velocidad.
Por eso todos celebremos el chiste de la existencia.
Augusto Coronel
Mutilada la frente fatigada, mientras su esencia descarga su mirada a lo blanco.
Muerte
a
esas
neuronas


Descargada la mirada a lo blanco.

¿Perdurará lo único?



El espectro indiferente
en su coraza insipiente
a si mismo
se
miente
y triunfante e incoherente
derrite los segundos que desnudan a su muerte.

La cabeza tritura su cerebro contra las astillas vidriosas masticadas por perros de papel.

La lucidez muere.
El talento besa la despilfarrada superficie de la pared que odia.


Prolifera la penetración de vaguedades elucubres.

Las vaguedades elucubres son las madres promiscuas de la poesía.
La poesía en su ser
vomita
ideas golosas
que
devoran neuronas suicidas.


El poema
se alimenta de su par,
lo mastica,
lo
saborea.

Poemas que comen poemas.
Así como los parásitos que convierten en oro todo lo podrido, los poemas se vanaglorian de comerse entre sí;
son poemas golosos, heliogabalísticos.
Poemas que hipnotizan y que torturan
Poemas que me hacen llorar.




Después de todo, ¿que son los poemas? No son mas que las sombras de perros jadeantes, aburridos, pervertidos, dignos de las peores calumnias, dueños de ese deseo podrido que goza de atrocidades enfermas que queman el aliento aun virgen de la inocencia penetrada por la lanza de lo inútil.
Viven encerrados en jaulas de papel,
creen ser los dueños de la elocuencia, de la profundidad, de la belleza, de la verdad, ¡odio a los poemas! Muerte y vida al poema vago, que miente que nunca renace, que envuelve, que escupe ironía, pervertido rico e insano, ¡lo amo!!
Digo perros, porque los perros son esclavos e hijos del poeta, el poeta falaz, ese, que cree dominar la exquisitez de las palabras, inmundicia pura que lo envuelve en una orgía masiva de anagramas incoherentes.

Augusto Coronel

Almohada de palabras

Sueños húmedos tenía el niño,
cuando dormía más
de tres meses por noche.
El chicle rosado,
sabor naranja,
lo masticaba a él,
pero,
¿Todos los caminos
conducen al epicentro
de su trémula
de
ses
pe
ra
ción,
cuando el gallo bizco silba esta canción?
¿Cuál?
he dicho.
Digo.
Dije.
Se evaporó lo que mi
mano hermética iba a desglosar
con
palabras
austeras.
Ya no digo más,
decir es para idiotas.
Augusto Coronel

El acto III

El abrazo mutuo nos
obliga a besar el áspero suelo.
Y el tiempo nos devora.
Tu voz , mas que estridente
me lleva al silencio muerto.
Beso tus párpados resecos
con la misma dulzura
que un niño acaricia la carne
inanimada de una rata en el asfalto.
Y el tiempo nos devora.
Rozo tus dedos
con mi lengua.
Pesada la vista,
anula tu mirada.
Mi pierna en tu regazo,
ya envuelta en moretones,
indecisa,
busca entrar.
Y el tiempo nos devoró.
Augusto Coronel

Un cliché en agosto



Ante ti no puedo desnudarme.
Me da miedo meterme a la cama
me da miedo besar tus zapatos
me gusta escuchar el canto.

Ante ti no puedo desnudarme.
Me gusta no saber cuando parar
me da miedo creer que conozco el juego
y pensar en el sonido inacabado de una copa de cristal.

Ante ti no puedo desnudarme.
Deseo calmar mi sed frente a la fuente de sal.

Ante ti no puedo desnudarme
Me gusta pensar que falta poco
y que el reloj es una mancha más en la pared.

Ante ti no puedo desnudarme.
Repito varias veces la misma palabra.
Colchón de mentiras y constante esperar.
Tibio sonido.
Tibio dolor.
Tibio sabor
Tibio.

Me da miedo meterme a la cama
me da miedo besar tus zapatos.


Augusto Coronel

Preludio de deterioro

La desnudez perpleja,
ante el calor del
vestido que arropa a
tus párpados quebradizos.

Cuando no encuentres
ni a tu propia sombra
llorando lágrimas
como teclas de piano,
vas a pelar
el pellejo,
lo harás
mientras te hundes
en la danza de lo promiscuo.


Pues claro, ¿Qué importa?,
si tus lagañas grises,
arrastrándose,
despertaran a los muertos
anulando toda vida
en tu piel
de reseca seda
embadurnada
en ciego anhelo.

Pero vamos mujer,
sonríe,
¿Es que aun no te has mirado al espejo?
Mejor,
no lo hagas,
no sonrías,
ni pienses
que de algo eres útil,
en la descarada sutiliza
de este dios
sin mayúscula
que nos habita.

Augusto Coronel