La noche se levanta
lentamente
mi eco partido golpea en los rincones
y en la soledad del poeta
descubrí
mi
a
b
i
s
m
o
Líber Mendizábal
Revista Ricardo Reis
Algunos escritores logran fundir a lo largo de su obra, su experiencia personal y su escritura, haciendo de cada libro una confesión de sus propias experiencias de vida
trasladadas al papel, donde ficción y realidad se mezclan no sabiendo dónde es territorio de una y de otra. El autor cuenta su vida en la voz de otro. Es la clase de literatura autobiográfica, en la cual, el protagonista de cada historia, es el propio escritor, a menudo utilizando un alter ego, y erigiéndose en una suerte de héroe de su propia obra.Jack Kerouac fue, sin dudas un escritor autobiográfico. Reflejó como pocos autores la vida misma del propio que escribe, en una especie de catarsis, improvisación espontánea en la creación, tal cual un músico de jazz, música que adoraba y suena a lo largo de toda su obra.
Esa espontaneidad al momento de escribir, esa clase de abandono de las reglas que rigen una literatura formal, rigurosa, académica, hizo que la lectura de sus textos, tanto narrativos como poéticos, tuviera un tono accesible, nada complicado, pero para nada frívolo.
Para Kerouac, escribir formaba parte de otra intransferible pasión: viajar, y Kerouac, en algún sentido y por encasillar arbitrariamente su obra, se podría considera el escritor ideal para mochileros, ya que en varias de sus novelas, (en el fondo en todas), existe un viaje, tanto en un viejo automóvil a través de los Estados Unidos (En el Camino), como espiritual cuando nos habla de la filosofía budista (Los Vagabundos del Dharma). La sensación inmediata que le queda al lector de Kerouac luego de concluir su lectura, es la de inmediatamente lanzarse en un viaje que implique lejanía geográfica y profundidad espiritual; es que casi no se puede hacer otra cosa luego de leer a Kerouac: viajar.
Tanto sean Sal Paradise, Ray Smith, Leo Percepied, Jack Duluoz o algún otro, todos fueron el propio Jack Kerouac, que les dio otro nombre, pero les prestó el alma para que el lector lo identificara en cada línea de su viaje literario que concluyó hace cuarenta y un años.
Kerouac nos guía y nos dice que la vida es un viaje permanente, que no es complicado hacerlo, y que además, la experiencia es lo que verdaderamente cuenta a la hora de vivir.
Aquel niño que hablaba francés
Nacido en el seno de una familia francófona emigrada de Quebec, Canadá, Jean-Louis Lèbris de Kerouac, tal su verdadero nombre, abrió los ojos por primera vez en el pequeño poblado de Lowell, Massachusetts, Estados Unidos, el 12 de marzo de 1922 y no aprendió a hablar inglés hasta los seis años. Su inesperada muerte el 21 de octubre de 1969 en Saint Petersburg, Estado de Florida, lo convirtió en un ícono de la contracultura norteamericana, un santo pecador que a los 47 años abandonaba su vestidura carnal convirtiéndose en el escritor de la que fue llamada Beat Generation más joven en morir.
Aquella Generación Beat (cabe decir que el término beatnik con el cual también se asocia a ésta movida cultural, es un forma un tanto despectiva de referirse a la misma en el ambiente cultural de norteamérica por entonces, “beat era identidad, una forma de ser, beatnik era moda, había diferenciado Ginsberg), que incluía a otros escritores amigos de Kerouac como el propio Allen Ginsberg, Gregory Corso, William Burroughs, Lucien Carr, Neal Cassady, Lawrence Ferlinghetti o Gary Snyder, Paul Bowles, la mujer de éste Jane, y tantos otros, dieron una merecida patada a todo lo culturalmente establecido en la tierra de los hombres libres, los Estados Unidos. La experimentación sensorial a través de las drogas y el be-bop, sub género dentro del jazz (y del cual proviene beat, “golpe”, “latido”), como banda sonora del descontrol y el delirio, entre orgías y escándalo, la libertad de pensamiento y acción que proclamaban los beats, le dieron un perfil único e irrepetible a ésta vanguardia. Los propios hippies tomaron a ésta generación como referente, y el mismo Ginsberg leyó poesía en Woodstock 1969.
Antes del escritor, Kerouac supo ser un buen jugador de fútbol americano, incluso ganó una beca para jugar por
Recorrió continentes y se enriqueció de lugares, culturas, gentes, aromas, sonidos, que luego utilizó en su escritura. La filosofía de Kerouac era la de experimentar con todos los sentidos, disfrutar de cada lugar que le llevara sus viajes como una tierra encantada, en la cual existirían miles de cosas por descubrir. Para él, todo lugar revestía mística y belleza, decadencia y delirio, tal cual la obra que comenzaría a engendrar no mucho tiempo más tarde, cuando en el segundo lustro de los 40 se instaló definitivamente en New York, trabajando en innumerables empleos (empleado en garajes, guardafrenos en
Sexo, drogas & Jazz
Pero el joven aprendiz de escritor, comenzó una desenfrenada obsesión por las drogas, el alcohol y el sexo, además, claro, del jazz. La literatura de Kerouac, refleja los deseos, la esperanza, pero también la desilusión y el desconcierto de la generación norteamericana post Segunda Guerra Mundial, entre mediados de los 40 y toda la década de los 50. Dentro de un sistema social conformista, rígido, conservador, la prosa de Kerouac es una brisa refrescante
de libertad, un manual de cómo no hacer lo que hay que hacer. Es literatura políticamente incorrecta. La llamada kickwriting o prosa espontánea que utilizó Kerouac, tenía como regla justamente no tener reglas; era cruda, visceral, sincera, delirante y por supuesto, autobiográfica. Es fácil reconocer a los beats, en sus obras, todos participan de los viajes, las fiestas, los happenings, los días de sexo y drogas que Kerouac describe en sus libros, dándoles otro nombre a cada uno, toda ésa legendaria generación desfila por las páginas de cada una de sus obras. Su novela más famosa, En el Camino, es sin dudas la road-novel más impresionante que se haya escrito hasta hoy y ha sido inspiración para otros autores en la escritura de relatos de viajes, un alocado y psicodélico itinerario a través de los Estados Unidos llegando hasta México. Los Subterráneos es una especie descripción de la propia Beat Generation, Los Vagabundos del Dharma, un viaje en pos de escalar una montaña, pero también un travesía espiritual por medio del budismo (difundió como pocos en Occidente la filosofía Zen), Big Sur con su descarnada honestidad, su vacío existencial, que sólo puede conjurar por medio de muchísimo alcohol, o
Paulo Roddel
Se sabe las actitudes
y tal como tan
sin decir agua
va la tuve
y la perdí
tango que a la calle
vuelve
y todos entran en su juego
y vuelven
al aire espacioso de sus películas
la fábula el mito
comemos migajas
de ese amor
de una escena en el borde de la pulsión
de lo que el ojo muestra y quiere ver
de lo que el ojo filma
en la cama mientras juega
con caballos
en su sueño de desnudez
con gomas velos rosados
pero dormir hasta acabar
en la boca de la canción
de la cama
triky traca triky traca
Pablo Queralt
de su libro "Coca"
El cuchillo berijero
que se adentró en la agonía
de los ojos del cordero
que en una Gilera 200
desde el cuadro de los tamariscos
al corral de las lecheras arreara…
es:
además de la rodilla
que sujeta la paleta
y la inútil mano izquierda
que despeja la garganta
corriendo la carretilla…
quien me ha iniciado
en los misterios de la muerte.
Germán Arens
(Senryus Orientales).
Muere el día
Y muere gris otra vez
Invierno en mí.
Invierno en mí
Pequeño rayo de sol
Luz esperanza.
Luz esperanza
Es teatro interno
Delirio manso.
Delirio manso
Sobre suelo incierto
Viajar descalzo.
Viajar descalzo
Deshaciendo el tiempo
Muere el día.
Eladio Camejo
Esas pupilas ciegas
y
el ocio en la ventana
y
las horas beodas
y
esa triste manera
y
ese miedo tiritando
y
tu silencio hablando
y
ese ballet de flores negras
y
el viejo piano sin teclas
y
esa monotonía enferma
y
los párpados ásperos
y
la filosa muerte.
Augusto Coronel


La Jefatura de policía de Maldonado ha declinado hacer declaraciones acerca de la desaparición de un poeta cuyo nombre tampoco accedieron a revelar. Según fuentes extraoficiales, el intelectual debía presentarse en el Caballo Tango Club a fin de leer poemas, ocasión en la cual también hacían uso de las palabras Luis Pereira y F. de P., además de Henry Sandín y Jorge Montesino. “al sonido de su nombre” 7
el nombre arbitrario de este objeto que te desvela
botella, tornillo, o piedra/ que si lanzado de voces
declina la invisible trayectoria de alturas/ entrega
al esfuerzo de tu oído/ el hueco eco de la colisión
la característica de los cuerpos, peso, tamaño, etc.
“In the main of light”8
en un escenario dispuesto por la luz/ -las rocas extienden
en sombras alargadas su inmensa redondez/ -en el aire al
zumbido en vuelo de los insectos/ -el escape de un motor
señala con el agobiado paladeo de furiosas erres flotantes
dilatadas en una nube ácida de combustible quemado/ -el
ritmo de la sierra mecánica/ la tala de los árboles
Esteban Moore
De su libro Partes mínimas
Cuando esos dos hombres
venidos del pueblo,
instalaron el tanque australiano entregado
por la firma fabricante que lo fabricara…
que hicieran al tanque
el envío incluía
accesorios diversos:
las chapas
de un metro
de un metro
de ancho
tres metros
de largo…
y entre ellas
las juntas
las juntas
de unión,
etc. , etc. .
Dijera el abuelo:
-¡Cepillar con cepillo
de año en año debemos las paredes internas…
evitará permanezcan adherencias en tiempo!-
Nunca hubiéramos imaginado;
tan niños nosotros…
que estábamos a días
de contemplar agradecidos a Diana en bikini
mientras las vacas abrevaban cerquita.
Germán Arens
de su libro Los ojos del cordero
Y pensé en solo amar y amar
solo por amor a sus acuáticas frondosas
tetas
del cráneo
película soñada al sol caliente
de los mamados cuerpos en las gotitas
tan flor en la imaginación
de los fantasmas
que vuelve sambayón frambuesa
sigo el gusto
el olor en la lengua del placer que besa
en una penumbra de labios chocados
montados seguimos
el cuerpo del sueño
volamos besamos
a cada instante la escena
todos están mirando
nadie puede dejar de mirar
se ponen cera en los oídos
dedos en los ojos ¿y las manos?
las manos...
todos llevamos oxígeno
pero otros quieren el aire
mujer sentada en la playa (balsa pedazo de cielo)
desnuda radiante con pechos que miran el voluminoso azul
rosada en la pérdida del corazón
del amor vuelve
a la pose del rodaje
en la oscuridad siempre hay coladas
en la butaca del fondo de la nube
que no queremos pinchar
por conocer
ese fuego de la pasión que trae
trae un bocadito
cerca del frenesí
buscando posiciones más allá
de lo que pudimos llegar
con nuestras lenguas
de la arena
en la sombra
desnudos cuerpos buscándose
tocándose apretándose meneándose arrastrándose
al ras del piso
del placer imaginable
posible
golpeándose en la canción bandera
del gozo.

Una familia disfuncional desde la mirada ácida del cineasta y dramaturgo francés Jean Cocteau.Infidelidad, celos, confusión de identidades se mezclan para crear una farsa feroz e hilarante.