El baño

Desperté…

atravesé un largo pasillo.

Detrás de sus cuatro puertas duermen:

mis abuelos,

mis hermanos,

mi tío y mi padre.

El baño es grande…

casi tanto como un espacio vacío.

Desamparado entre azulejos blancos

dejo el espejo detrás de mis espaldas…

no quiero mirarlo,

tengo miedo de verme otro.


Germán Arens

De su libro "Los ojos del Cordero"

NASA investiga Caballo

Recientes investigaciones de la NASA sugieren la presencia de actividad dudosa en la intersección de las calles Juan Antonio Lavalleja y Carolina Saboya en la ciudad de Maldonado. Las pesquisas apuntan hacia un conocido tugurio de dicha capital llamado por los lugareños "El Caballo". Interrogados por este medio, vecinos del barrio se manifestaron desconformes con las actividades previstas para el próximo viernes a las diecinueve y treinta. "Deja, deja, esto es gente que no labura" manifestó un señor que pasaba paseando un caniche toy con mechitas. También se manifestaron en clara disidencia algunos parroquianos del lugar. "Para, muñaño, al final no se puede venir a chupar tranquilo que vienen estos locos", comentó Hugo López, empuñando un vaso. "Se nos llena el barrio de gente rara. Fijesé que hay un funcionario municipal y dos que dice que son unos barbudos asquerosos, ojalá la NASA se los lleve presos y que se pudran en las Rosas" dijo la señora Clotilde Ruiz, barriendo la vereda.
Rodney Da Silveira

Murió Rodolfo Fogwill

A los 69 años, falleció hoy el escritor y sociólogo Rodolfo Fogwill. Su muerte se produjo como consecuencia de un problema pulmonar.

Fogwill fue egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de la que fue docente y Profesor Titular. Publicó seis libros de poemas y tres colecciones de relatos, reeditados en Chile, España y Francia. También trabajó como directivo de publicidad y marketing.

En 1980 su cuento Muchacha Punk ganó un importante premio literario y por un tiempo se dedicó exclusivamente a escribir. Entre sus libros están las novelas Los Pichiciegos, Urbana, La experiencia sensible y Runa.

Sus ensayos y artículos fueron compilados en Los Libros de la Guerra. En 2003 ganó la beca Guggenheim y en 2004 el Premio Nacional de Literatura por Vivir afuera.

Fuente: Revista Ñ de diario Clarín


Lo que sigue es la entrevista publicada por La Diaria en su última edición del viernes 20 de agosto:

Políticamente incorrecto

El escritor argentino Rodolfo Fogwill repasa

cómo narró la guerra de las Malvinas y, de paso, provoca a diestra y siniestra.

Entre las bondades del Festival Eñe está haber logrado convocar a dos escritores tan destacados como antitéticos. Si Ricardo Piglia (ver la diaria del 5/8/2010) representa la corrección académica y la expresión calculada, su coetáneo Rodolfo Fogwill (Buenos Aires, 1941) es casi lo opuesto: impulsivo, locuaz, caprichoso y contradictorio. Algo de ese carácter -o de ese personaje- afloró en la entrevista que mantuvimos la semana pasada, entrecortada por consejos para asmáticos, lecciones sobre relojes carísimos, muecas para el fotógrafo y apreciaciones sobre las “artes medioidióticas”. Evidentemente, Fogwill había superado el malestar causado horas antes por su desembarco en Montevideo, pero más allá de los buenos o malos humores, se trataba y se trata de un autor que renovó la literatura argentina y anticipó la tendencia a cronicar excesos que dominó la producción juvenil en los 90. Y, sobre todo, es el escritor que se animó, casi en tiempo real, a tomar la guerra de Malvinas como tema narrativo, en la novela Los pichiciegos.

-No es común que estés en este tipo de festivales multitudinarios.

-Esta vez no sé por qué. Me gusta mucho Uruguay, es cerca, no tengo avión. Son muchos factores. Yo voy a muchas cosas que no tienen tanta prensa, me gusta encontrarme con algunos colegas. De acá me interesaba sólo uno: Yuri Herrera. Quería verlo y lo conocí por fin. Y hoy voy a conocer a Paz Soldán, a quien leí muy mal.

-Has hablado de algunos escritores uruguayos que te parecen importantes. ¿Qué línea te parece que abrieron Levrero y Felisberto en la literatura rioplatense?

-Sin Felisberto no hubiera existido este invento Cortázar. Hacemos un cóctel de Felisberto más Juan Filloy y tenemos a Cortázar. Si tenés que filtrarlo un poquito, pasalo no por Borges sino por el grupo Sur, que tiene una especie de exigencia borgiana de limpieza en el lenguaje. No puedo leer Rayuela, por supuesto, nunca pude, pero puedo leer buenos cuentos de Cortázar -son legibles, no me preocupan-, como también puedo leer a Mujica Láinez. No me revelan nada que no me hubieran revelado antes Felisberto o Filloy. Y andá a saber de dónde vienen las raíces, porque vos nunca podés saber de dónde viene esa iluminación que tienen, qué modelo están emulando. Por ejemplo, ¿te acordás adónde fue Felisberto de campamento cuando era boy scout? A los Scouts Chilenos. En Chile había un escritor, Juan Emar, que no trascendió ni tiene obra, pero tiene un libro, Umbral (el que lo lea se lleva un premio y el que tenga plata se lo puede comprar: vale como dos mil dólares). Era un Raymond Roussel del español, pasado por el surrealismo. Eso llenó mucho el mundo de Felisberto, pero pasa que Fesliberto sabía contenerse. Y Levrero me parece importantísimo, como caso humano incluso. Yo me escribía mucho con Levrero. El señor Microsoft se llevó toda la correspondencia. Pero en algún lado debe de estar, porque hay un tipo que atesoró todos los discos de Levrero. La novela luminosa se recuperó así.

-Así que fuiste amigo de él.

-No, por e-mail. Yo lo había leído todo y un día por la calle venían caminando dos amigos míos con un señor que a mí me pareció el gerente del banco. Mirá cómo lo sitúo: un pelado, grandote, que me pareció mucho mayor que yo (no lo era, tenía mi edad). Me lo presentan y le digo: “¿Vos escribiste La ciudad y El lugar?”. Le empecé a recitar títulos suyos y personajes. No lo podía creer. Fue la única vez que lo vi en vivo. Después conocí mucho a Alicia [Hoppe], la viuda, la ayudé a vender el libro, porque el libro es raro. Lo moví yo. Es una jactancia. ¿No puedo hacerlo? El huevo que me costó. Tengo dos solamente. Uno lo entregué para que le dieran pelota a Levrero. Conseguí que un imbécil que dirigía una editorial publicara uno de sus mejores libros, que es El discurso vacío. Fue una cosa infernal. Al final lo puenteé: hablé con Alicia, con el hijo, con los dueños reales de la editorial, que eran unos abogados de mucha plata, y les dije que había un tercero que estaba frenando todo esto. Además, inicié en la lectura de Levrero a Ignacio Echevarría [crítico y editor español] y se lo presenté a Alicia. Por Alicia conocí al chico [Juan Ignacio Fernández], el personaje del pendejo molesto de El discurso vacío, que ya no es un chico y estudia cine.

-¿Es verdad que decidiste dedicarte a la escritura a partir de “Muchacha punk”?

-Bueno, pasaron otras cosas ese año [1978]. Yo presenté el cuento en un certamen que me dio un premio. Eso me ayudó a decidirme. A decidirme también por una vida de mierda en la que claudicaba todo lo que yo tenía. Tenía mucha guita en aquel momento. También estaba en una carrera de destrucción en la que me iba a prender fuego en cualquier momento.

-¿Como profesor de sociología?

-No, no. En esa época era empresario de publicidad y tenía una consultora de marketing.

-¿No seguís haciendo eso?

-Sí. Lo que pasa es que yo soy Buster Keaton en este momento. Él al final vivió gracias a pequeños papeles en Hollywood que le daban los que recordaban su buena época. Yo formé mucha gente en empresas, que eran pinches y llegaron a presidentes. Entonces esos tipos siempre me tiran algo, con recelo porque saben que yo hago muchas cagadas.

-Volviendo a “Muchacha punk”, ¿qué se arma ahí?

-Bueno, yo por ahí había escrito antes algo mejor, creo...

-¿En poesía?

-No, en narrativa. En poesía era muy malo por esa época. Creo que había escrito “Memoria de paso” simultáneamente. Pero “Muchacha punk” tenía una contundencia que nunca más conseguí en un cuento. Que no me parece bueno, por otra parte: tengo cosas mucho mejores literariamente, quizás para vos también pueden ser mejores, pero no se las podés regalar a una novia que acabás de conocer ni recomendar a un alumno tuyo que quiera leer a un cuentista argentino. “Muchacha punk” sí, porque es polivalente. Está todo. Además decían: “Uy, cuando lleguen los punks a la Argentina se va a acabar la gracia de este cuento”. Yo decía que se iba a seguir leyendo en el 2000. “Ja, ja, ja”. Bueno, se sigue leyendo. Es eterno. Porque la muchacha punk no es muchacha, no es punk, ¿no? La muchacha punk c’est moi, dijo Flaubert citando a Proust anticipadamente.

-Pero sí sos sociólogo.

-Soy sociólogo y trabajé en la UBA hasta que me echaron, en una etapa anterior al gobierno de Videla. Me echaron por comunista, que era lo peor que me podía pasar a mí.

-¿Porque eras trotskista?

-Imaginate. Si me hubieran echado por nazi, puto, lo que quieras... Pero echarme por comunista...

-En una entrevista dijiste algo que me pareció que hacía un buen puente entre esa carrera profesional y tu escritura: “Lo antiestético de la formación social me molesta, como lo antiestético de una frase. La sociedad es un texto mal redactado”.

-Qué bien. Debe de ser muy vieja la entrevista. Cuando dije “estético” aquella vez no lo tenía tan bien evaluado como ahora. “Estético”, en el fondo, quiere decir “verdadero”. Un discurso verdadero es un discurso del que el emisor puso a prueba no la verosimilitud del texto ni la posibilidad de la -como dicen los epistemólogos- falsabilidad (se dice que es científica toda aquella proposición que sea falsable). No, porque hay conclusiones que son perfectamente falsables y a mí no me importan en el discurso social: “El ser humano tiene cuatro miembros”. ¡Puta! Hay miles de proposiciones que pueden ser falsables. Ahora, el concepto de lucha de clases... Marx hace una proposición brillante porque está usando la noción de historia de una manera distinta a lo que la gente pensaba que era antes y está utilizando “clases” en una significación distinta. Entender las clases como entidades en lucha no fue el criterio de los que clasificaron la sociedad ni es el de los boludos que quieren “ascender de clase”, que creen que “ascender” es ascender. No, ascender es combatir primero, si no subís. ¿Se entiende?

-Sí, pero me queda afuera la primera parte, en qué sentido un discurso estético pasa por más pruebas que un discurso científico.

-Porque el discurso estético no se plantea solamente la prueba estúpida del discurso científico, sino que además se plantea la prueba de su armonía interna. A El capital todo el mundo lo elogia, y está bien. Es un ladrillo para nosotros, pero no para los tipos que habían leído economía política de la época, las grandes plumas. Adam Smith era un gran escritor, no sé si [David] Riccardo leía mucho; en la Argentina [Juan Bautista] Alberdi fue un gran escritor. Marx era un gran escritor. El Manifiesto comunista dice “un fantasma recorre Europa”. Pensemos en qué año estamos situados. Empezar denigrando al comunismo, porque el fantasma representaba -y representa- lo que da miedo, lo feo: ningún escritor joven que publique en Anagrama se animaría a denigrar su oficio. Ni nada. “Una mierda flota en el mundo: el posestructuralismo”: ninguno se animaría, porque no saben qué día le van a ofrecer una beca para trabajar con un profesor posestructuralista. “Si hay algo que no soporto es el lesbianismo”: cagaste, no vendés más un libro, se te viene encima el lobby de las tortilleras.

-Siguiendo con opiniones polémicas, una de la que más se recuerda es tu posición en derechos humanos.

-Es una posición literaria. “Derechos humanos” es absurdo. Es un pleonasmo, como decir “un ojo de la cara”, “un día de la semana”. No hay derechos que no sean de humanos, porque el derecho es una propiedad de lo humano. El derecho de la aeronáutica no legisla la tecnología de los aviones, legisla el uso humano del avión.

-Pero, concretamente, vos decís que es equivocado reclamar por los desaparecidos o sus cuerpos y que hay que reclamar por las causas por las que ellos dejaron la vida.

-No, ahora no podemos decir nada. Ya está todo hecho. Yo eso lo dije cuando el tema de los desaparecidos sirvió como cortina de humo para tapar la posibilidad y la disponibilidad de volver atrás con la legislación que hizo la dictadura cívico-militar (y no militar). Por otra parte, me resultó odioso el invento de Hebe de Bonafini de 30.000 desaparecidos, porque fueron siete, ocho, nueve mil. Yo calculé siempre más que la verdad, porque conocí muchos militantes del ERP: había sirios, había peruanos, había muchos franceses (uno de ellos usó una casa mía como aguantadero) que venían a hacer training -y turismo-, así como muchos hicieron el servicio militar en Bella Unión, con Sendic. Ahí se aprendía mucho sobre guerrilla urbana. Así que con eso se puede conseguir un presidente. Jua, jua, qué buen chiste.

-Pero sobre reclamar por las causas antiguas...

-Bueno, tampoco exagerar. Los montoneros no entendían qué era la dictadura del proletariado, pero la soñaban. Es muy complejo, pero lo que me jodió es el número 30.000, porque es una alícuota de la población argentina. Como aquellos seis millones, que es una alícuota de la capacidad demográfica que tenía la tierra reclamada por el sionismo.

-¿Cómo?

-Seis millones es un número semejante a la capacidad demográfica de la región donde fundaron el estado de Israel. Nadie va a saber nunca cuántos fueron. En mi opinión, no habrán pasado de un millón. Igual es muchísimo, loco. Porque además no son un millón de masacrados, como la gran mayoría de los desaparecidos, que fueron a un campo, los interrogaron, los maltrataron y los mataron; estos tipos estuvieron trabajando durante años, muchos fueron llevados en 1939, 1940, 1941. Los judíos, más tarde, fueron la última ola. Los gitanos fueron mucho antes. Los comunistas, muchísimo antes.

-Dijiste que escribir novelas te impedía escribir cuentos.

-Fue una correlación. En una novela hay una tesis y se apaga la voz mental que te dicta cuentos. No sé la causa. Estoy estudiando el tema y no tengo sparring, porque en la Argentina no hay psicólogos que estudien más o menos científicamente los temas de la creación, de la invención.

-¿También se corta la poesía?

-Puede funcionar. Estoy escribiendo muy pocas poesías. Tengo la voz medio tomada, de repente.

-En el prólogo de Urbana [2003] decís: “Quizás haya tanta demanda de que en un texto sucedan cosas porque se descuenta que nada sucederá entre el texto y su lector”.

-Eso es un invento. Esa frase es para sostener una figura retórica que configura la frase. Si vos me das tiempo y un día de paz, y conexión a internet, yo me siento a pensar, termino de ver las porno, leo el correo, busco “Fogwill” en Google de hoy para ver cómo andan mis acciones, busco “Piglia”...

-Ayer estuvo aquí. También dio una conferencia.

-¿Cómo estuvo? ¿De qué habló?

-De Gombrowicz.

-Es tan encantador...

-¿Por qué buscás “Piglia”?

-Porque odio a Piglia. No, porque de los que compiten conmigo es al que puedo buscar. A Aira no lo puedo buscar porque es ridículo, él no quiere propaganda mediática. No sé si entró a internet alguna vez en su vida, creo que no. No le importa.

-¿Te ves como parte de un trío con ellos?

-El lector hizo el trío. Él se creía que estaba solo. En el 81 estaba solo, cuando salió Respiración artificial. En su misma dinámica apareció Saer. Eran él y Saer, que tiene una obra mucho más consistente. Saer era un poeta y tenía una obra interesante. Y en el camino apareció Aira. Y en el camino aparecí yo. Fue una cruz. Y está pelando la punta Alan Pauls.

-Que es más joven.

-Uh, era un niño cuando yo escribí “Muchacha punk”. ¿Qué tenía?, 19 años. Y era alumno de Piglia. Un pequeño Judas. Pero no va a llegar nunca, está en una carrera de fracasado.

-Vos en el 83 publicás Los pichiciegos. ¿Eso te pone a competir en ese terreno?

-No, no creo. Pero creé mi figura. En realidad, la construí simultáneamente. Con la aparición de Los pichiciegos pude entrar a la prensa, porque yo estaba medio prohibido. Pero conseguí entrar en la revista de una universidad privada. Hice la prensa hablando de fútbol, de rock, de sexo, de historia medieval, de cualquier cosa. Mentira: estaba hablando de mí todo el tiempo.

-Eso es lo que prometés para tu conferencia de mañana.

-Pero es un chiste. ¿Recién se dan cuenta ahora de que hablo de mí? Si nunca hablé de otra cosa.

-Ahora, obviamente a Los pichiciegos la construiste “desde afuera”, porque vos no fuiste un combatiente en Malvinas. ¿Hiciste el servicio militar?

-Sí, pero no con el Ejército. Con la competencia.

-¿La Policía?

-No, la verdadera competencia. Nosotros queríamos desarmar el Ejército y establecer un socialismo mediante técnicas militares. Estábamos locos, pero le creíamos al Che Guevara, en el fondo. A pesar de que nada había menos tolerable para un trotskista que lo que se llamó “pustchismo”. Pero igual con un póster del Che Guevara alcanzó para convencernos.

-Entonces tenías experiencia con lo militar.

-Ojo, no tenía una formación seria. No se trata de ir un mes o dos meses, hay que tener un cuerpo preparado para eso y yo no lo tenía ni por joda. Mi cuerpo estaba preparado para cojer y drogarse. Pero tenía una imagen muy fuerte del mar, porque yo navegaba. A lo que más llegué fue a correr una regata Necochea-Bahía Blanca. No sabés lo que es salir del agua tan fría. ¿Viste que en Punta del Este te cagás de frío de noche en verano, navegando? Pero abrigado, con ropa impermeable, la bancás. El ser humano tiene que estar en agua de 28, 25 grados. Hasta ahí. Acordate que 25 grados no son 25, son 25 de un tope que tenés de 36, o sea, no descendés un grado en una escala de 1 a 100, descendés uno en una escala de 1 a 37. Entrar de golpe en agua de 16 grados en verano... yo ya no aguanto. En Chile hay gente que nada un poquitito, pero no podés nadar cien metros en la costa de Valparaíso. Todos van al mar por esnobismo puro. Nada, van a la arena, se salpican. El agua está a 13 grados. El agua a 16 grados es intolerable, y más allá del paralelo 40 está a 13 grados. No la aguantás. Cómo hacían los marineros de Magallanes, que no tenían ropa impermeable, no lo sé. No hay una historia de la vida naval, pero eso no es un chiste. Cuando empieza a mojar y salpicar la ola, y llueve, no hay manera de pararla. Te entra, te barre con algún chorrito, y ese chorrito sigue... Yo ya tenía una idea porque mi abuelo paterno llegó a Sudamérica directamente desde Inglaterra, viniendo de Staten Island. Vino a trabajar para los bóers.

-¿El apellido es galés, no?

-No, inglés, probablemente de la isla White. Lo cierto es que mi abuelo vino a criar caballos para la guerra, para el enemigo de los ingleses. Justo cuando tenía un buen plantel terminó la guerra. De ahí vino la memoria familiar. Mi viejo estuvo mucho en la Patagonia, porque mi abuelo administraba campos en la Pampa, en el Chaco, en Buenos Aires. Mi viejo se crió con él y recorrieron todo el país. Entonces yo tenía “experiencia patagónica”. Yo los veo en Chile a estos personajes como mi viejo y supongo que pasa lo mismo con los coyas, que viven a 3.500 metros de altura, que tienen como un dispositivo físico y mental que anula, que los vuelve tolerantes. Parecen torpes, pero es natural, yo también soy torpe a esa temperatura y a esa altura: no llega sangre. Entonces te metés en la cama, si no, no se oxigena. Bueno, conocía eso.

-La experiencia del frío.

-En Inglaterra pasó algo muy divertido con Los pichiciegos. El tarado del editor creyó que se iba a hacer rico, entonces le puso un título tremendo: Malvinas requiem. Pero pasó una cosa muy fea: ningún inglés sabe lo que quiere decir “Malvinas”. Y en Estados Unidos peor, porque los yanquis son brutos. En las reseñas norteamericanas decía eso, que el editor se había equivocado con el título. Se tenía que llamar Los pichiciegos, o como en Alemania. En Alemania hubo un quilombo, porque son demócratas. Someten a la elección del personal: los 260 tipos que leen en la editorial se reúnen y votan. Ahí ganó “Una guerra subterránea”, que está bien, porque es mía la frase.

-A los alemanes les debe de haber hecho acordar a Sin novedad en el frente, ¿no?

-Yo creo que es la única película de guerra que vi. Pero los alemanes no leen esas cosas, leen autores contemporáneos y nada más.


Publicado en La Diaria por José Gabriel Lagos

Foto: Nicolás Celaya

www.ladiaria.com.uy

1


Tierrísima tierra
que subrayas la siembra
entre terrones y bueyes
entre metáforas y símbolos
de no descanso nunca
de sacrificio productivo
de activo vivo
arrastra la yunta
el instinto
el deseo de inmortalidad
del oh gran gran cansado
del ay del amaestrado
reculan las palabras
ante el viento.
Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

Fabián Muniz Umpiérrez

Boliches en agosto en Maldonado (día tres)

Ayer se llevó a cabo la tercera instancia de Boliches en agosto en Jazz Café. La noche estuvo dividida en dos capítulos claros y diametrales. Durante el primero, el escritor argentino Rodolfo Rabanal se explayó acerca del Desafío de la Literatura. Explicó que tal disciplina no le interesa a nadie y, por si fuera poco, la mayor parte de la producción que compone su corpus, es mala. Arriesgó que cerca de un noventa por ciento de lo que se publica es una porquería. Explicó que la literatura, en cuanto perteneciente al arte, es un espacio de libertad donde es de lo más divertido matar gente y tener perversiones sexuales. “He nacido para responder esa pregunta”, declaró cuando su sparring literario de la ocasión le preguntó cómo podía comparar la situación actual de la literatura con la de otras épocas, tras lo cual hizo una demostración cabal de la capacidad de digresión y dribbling.
El segundo sector de la noche incluyó los cortometrajes provistos por el Ministerio de Educación y Cultura. “Si en la literatura el noventa por ciento son porquerías, en los cortos la cifra asciende por lo menos nueve puntos” afirmó uno de los circunstantes. “Lo que pasa es que los que saben hacer cine no hacen cortos” matizó otro.
Se destacó la renovación del público a raíz de la propuesta, con un crecimiento de la edad y un añejamiento del gusto. No hubo muertos ni heridos.

Rodney Da Silveira

Boliches en agosto en Maldonado (día dos)

En el día de ayer tuvo lugar en Jazz Café la Segunda Jornada de Boliches en agosto, versión fernandina. Ante la ausencia de Da Silveira (enviado especial de RRR al exterior en cobertura de la fiesta en honor de la Virgen de Urkupiña en Quillacollo, Bolivia) la gerencia editorial depositó en quien suscribe la homérica tarea de traducir a palabras lo acaecido sobre la calle Ledesma. Si el buen Rodney me hubiese advertido sobre lo complejo de la tarea, habría dado parte de enfermo, no por el goce personal que lo fue por momentos en grade sino por el cúmulo y la varieté de fenómenos suscitados.
El presentador, curado de espanto, comenzó de una manera más diplomática, bisexual o bigenérica o kirchnerista, aunque por la repetición de situaciones similares ya se aproxima a Fagúndez (personaje encarnado por Pinocho Routín) con menos gracia.
Se dieron cita en lugar tres poetas de quehaceres distintos, de ropajes distintos, de planetas distintos y de performances distintas: Juan Ángel Italiano, Marcelo Mediza y Jorge Montesino.
Alguien dejó correr el rumor de que la presencia del Luis Pereira se debió al orden de los poetas: IMM. Rumor farandulero que cobró vigor luego de los saludos y agradecimientos de Italiano.
Como nota personal, diré que me causaba curiosidad la posibilidad de una oleada de barrabravas paraguayos, no solo por la presencia de Montesino sino por el curioso descubrimiento de José Luis Félix Chilabert Jr, hijo del portero guaraní que responde al mismo nombre, sentado en un rincón, intentando seducir a una morocha con frases como: "no te preocupes, pago yo, sería poco caballero de mi parte", etc.
Esto y más servían de decorado a una jornada poética que transcurrió entre aplausos y gestos de aprobación.
Italiano arremetió con una serie de poemas suyos y de otros (Maslíah y Jobim entre tantos), con cantos gregorianos post modernos y criollos que generaban una atención particular en público y dejaba un apetecible gusto a vanguardia (tomá!).
Cierto malestar físico intentó jugarle una mala pasada a Mediza haciendo que su intervención fuera breve pero disfrutable.
Montesino cantó y recitó, casi bailó (creó), en varios idiomas y varios tonos melódicos complementándose con otro poeta de escasos centímetros de altura y poca edad que apareció de repente y que se acopló, en vaya a saber qué idioma, en una suerte de a dos voces.
Esperemos el pronto regreso de Da Silveira y la tercera jornada de Boliches en agosto.


Rodrigo Ríos

Boliches en agosto en Maldonado (día uno)

En la jornada que antecede a esta, empezó en el Jazz Café la rama local de Boliches en Agosto. Los asistentes tuvieron la oportunidad de oír una sólida y entretenida charla a cargo de Damián González Bertolino acerca de Julio Herrera y Reissig. Tomó impulso en las publicaciones de Espina y Mazzuchelli para desgranar la inserción del poeta en la sociedad de la época y en los movimientos literarios de la generación, con lo que propició las ideas de que ni era tan prescindente políticamente ni tan novedoso literariamente, al tiempo que mostraba la maravilla de su lenguaje parecido a un pastel de hojaldre pero sin grasa.
El cierre de la noche estuvo en las manos y la garganta de Wellington Prates, un fino integrante de la fauna musical fernandina, de quien se sospecha su ascendencia británica, conjetura que se animan a poner en duda otros diciendo que su nombre bien puede ser brasilero. Le puso vida al aire con canciones de su primer disco que intercaló con algunas exquisiteces del próximo álbum. El artista declaró a este medio que recientemente anduvo de gira por España y que su carrera va despegándose del suelo fernandino.
Capítulo aparte mereció el pugilato verbal que chisporroteó entre el presentador de la ocasión y unas señoras del público. El hecho se desató cuando una de las destacadas señoras objetó las primeras palabras del impresentable individuo esgrimiendo argumentos feministas y apelando a las palabras de Cristina Fernández, pero no la cantante sino la señora que ocupa la presidencia de Argentina. El desagradable sujeto no tuvo mejor arma que decirle que la jerarca es “presidente”, una palabra que ha sido despreciada por el feminismo por su carencia de variación de género ya que ellas necesitan roña. Los intentos del animador de la oportunidad de empañar el arte de la noche sólo consiguieron empañar los vidrios del lugar, cuya belleza resistió sus embates torpes y salió incólume y reivindicada. Al respecto de la desafortunada presencia del supuesto representante de RRR en la velada, uno de los asistentes que no quiso revelar su identidad dijo que era un desesperado intento de lanzar su carrera en el “stand up commedy” (comedia parada). “No podés decir que hay que buscar la genealogía de Herrera en Facebook, muchacho”, declaró.
La actividad tuvo repercusión nacional, según consta en la página de Espectador.com.
La semana que viene, con las mismas condiciones de horario y lugar, estarán Marcelo Mediza, Jorge Montesino y Juan Ángel Italiano. Sinceramente esperamos que el presentador hable menos.
Rodney Da Silveira

Café con letras y Poesía a lo Caballo (dos partes de lo mismo)

Se llevará a cabo durante los viernes de agosto una seguidilla de charlas que no descartan la presencia de la poesía. Se unen de ese modo el cumpleaños número uno de este importante medio de comunicación subjetivo (que sale y se agota porque no está entrenado) y, en la otra esquina, el ciclo “Boliches en agosto”, organizado por el MEC (Misterio de Educación y Cultura) Las citas son, los primeros tres viernes, en el Jazz Café, sito en la calle Ledesma de la capital fernandina, a escasos metros de la intersección de esa exigua calle con la calle Acuña de Figueroa, arteria propicia a la poesía si puede haberlo, si se recuerda al portentoso autor de la “Apología del Carajo” y del “Himno nacional uruguayo” . El último de los viernes verá las citas que se llevan a cabo en el Caballo Tango Club (“llegue a la estación de servicio de Lavalleja y Joaquín de Viana y siga el olor” habría declarado un habitué poco dado a la topografía), al mismo tiempo que escucha los dislates proferidos por unos tipos que les hicieron creer a otros que escribían poesía. Cabe destacar que, para ese entonces, las tres primeras fechas de este ciclo habrán salvado la petiza en andas de las olímpicas argumentaciones de los laureados ponentes. “Estamos contentos como gurí con juguete nuevo” manifestó Servando Valero, autoproclamado fotógrafo del acontecimiento. “Y no te olvides de mencionar la proyección de cortos y los tangos del Caballo” agregó, para no emitir más palabras y pasar a expresarse mediante su particular lenguaje Polaroid.
“Se pretende propender al sacudimiento de la modorra invernal que atraviesan las letras uruguayas desde hace unos cien años” declaró una fuente cercana a la organización, que prefirió no identificarse, aparentemente en busca de acrecentar la animosidad. “Queremos ver botellas volando” agregó con un gesto con el que dio a entender que no se trataba de una metáfora. “Estamos como locos con esto del año de vida” continuó. “Esperamos que sea un ciclo literario atípico, es decir, con mucha gente” espetó a guisa de provocación.


Rodney Da Silveira



El fixture es el siguiente.



Viernes 6: "Café con letras"
Charla sobre Herrera y Reissig (Damián González Bertolino y Valentín Trujillo, ambos escritores locales con cocarda nacional)
Música: Wellington Prates (¿Todavía no lo conocen? No saben lo que se pierden)

Viernes 13: “Café con letras”
Lecturas de Marcelo Mediza (local), Jorge Montesino (importado de Paraguay, y no es trucho) y Juan Ángel Italiano (local, pese a que el apellido intente engañarnos)

Viernes 20: “Café con letras”
Charla de Rodolfo Rabanal (argentino, radicado aquí) "El desafío de la literatura"
Ciclo Nacional de Cortometrajes (ICAU) "Servime un Corto" (Proyección
de cortos Nacionales e Internacionales)

Viernes 27: "Poesía a lo Caballo"
Lecturas de Líber Mendizábal Serrón (heredero del trono de Álvaro Figueredo, hombre de barba en pecho), Luis “el Negro” Pereira (un isabelino a tal punto afernandinado que hasta ocupó un cargo en la intendencia) y F. de P. (calvo, olimareño de la diáspora), presentados por andá a saber quién...
Tangos en Vivo por El Caballo (el dueño del boliche, que cualquiera diría hermano de Telly Zavalas pero cantando tangos con la fuerza de los pelotazos de Forlán), un mostro.

Décimo Séptimo Premio Nacional de Narrativa

Narradores de la Banda Oriental 2009

Acta del Jurado

En Montevideo, el primero de junio de 2010, reunido el Jurado del Décimo Séptimo Premio Nacional de Narrativa "Narradores de la Banda Oriental" – convocado por la Fundación "Lolita Rubial" y la Intendencia Municipal de Lavalleja en acuerdo con Ediciones de la Banda Oriental -, integrado por Milton Fornaro, Rosario Peyrou y Soledad Platero, después de examinar los trabajos presentados resuelve:


Otorgar por unanimidad el Gran Premio consistente en Medalla "Morosoli" de Oro, Diploma de Honor, la suma de $ 35.000 moneda uruguaya y la edición del libro según lo establecido en las bases (3.500 ejemplares en la Colección Lectores de Banda Oriental, 500 ejemplares para la venta en librerías y una tirada no comercial de 500 ejemplares), a la obra: "No vi la luna", seudónimo "Jack Shepard", por la destreza con que despliega sus historias oscuras, entre sórdidas e inocentes, logrando un conjunto armonioso de relatos. Abierto el sobre correspondiente se comprueba que pertenece a Leonardo de León.


El Jurado resuelve también otorgar Menciones, con Diploma de Honor a los libros:
"Voces", seudónimo "A3P"

"Fichas", seudónimo "El Sandro "

"Subterráneos", seudónimo "Berlín"

Abierto el sobre correspondiente se comprueba que los autores son:
Javier Couto (Voces)

Pedro Peña (Fichas)

Ramiro Sanchiz (Subterráneos)

Por el Cuerpo de Jurados:
Milton Fornaro

Rosario Peyrou

Soledad Platero

Fundación "Lolita Rubial"

Falleció Amanda Berenguer


Cinta infinita



La poesía de Amanda Berenguer (Montevideo, 1921) ha concitado admiración y misterio. Persiguió la sospecha del desdoblamiento, por momentos apocalíptico, de un espacio plagado de misterios en la comodidad del hogar. Quizá sea por eso que es difícil emparentar su obra con la generación del 45, a la cual, según la crítica, perteneció.



En su temprano libro El río (1952) Amanda señalaba: “Yo quisiera dejar los nombres vivos, escribirlos, decirlos, levantarlos, porque sé que nos vamos, nos hundimos”. Con cercanía en el tiempo, Suficiente maravilla (1953-54) proseguía este mismo rumor: “En medio de este mundo enseñoreada / voy entre los domésticos poderes de mis fieles sentidos naturales”. No le bastaba la voluntad de confesar que pensaba robarle espantos a la muerte: a esto se le agregaba que los poemas eran endecasílabos desarmados. Las acciones volvían a empezar constantemente; la mujer expulsaba a la belleza del paraíso y después se iba tras ella.
Invitada a la enajenación atravesó la poesía visual en “Composición de lugar” (1976), suerte de bitácora gráfica sobre los atardeceres. Allí las palabras conforman ecuaciones que no se detienen ante la naturaleza lúdica de cualquier interpretación. A esto seguiría Identidad de ciertas frutas (1983), inventario poético en el que partículas de significación se alojan en pequeñas estructuras. En la botella de Klein (una de las obsesiones lógicas de la poeta) su única cara ilustra la bifurcación del tiempo representada, en este caso, por la perpetuidad de un acto entendido como “topos” o lugar. De hecho, la lectura que hizo en 1995 de “La botella de Klein” era equivalente a la de la cinta de Moebius, resaltando la cualidad de plano (señala que “tiene una sola cara”, y que, siendo una superficie cerrada no tiene interior, “como lo tienen la esfera y el toro”). En ambos ocurre la persecución trascendental de una lengua, de un cromosoma, cuya verdad reside en el misterio.
En La dama de Elche (1987), “el vocablo es el viaje”. Allí la poeta construyó los ojos posibles de otra Amanda cuyos versos continuaban el designio de los colonos. Ganaría en 1990 el premio Bartolomé Hidalgo para retornar a la poesía objetual en 1995 con La botella verde.
Casi la totalidad de su obra fue compilada en el libro Constelación de navío (2002), en el que, en su inicio, Amanda confesaba estar dispuesta a “Poner la mesa del tercer milenio”. El libro era, según ella misma, un arca pensada en perdurar para, dentro de quinientos años, ser hallado por “los futuros arqueólogos o poetas -si aún existen- para reconocer cómo éramos de antiguos y remotos”.
La cuidadora del fuego
En el presente año, La Flauta Mágica (editorial al cuidado de Roberto Echavarren) lanzó La cuidadora del fuego, último libro que Amanda publicaría. La obra existía en el interior de una pila de cuadernos, entre poemas hermanos y condiscípulos, y otros infrecuentes, extraños, de un discurso diferente, tal vez cotidiano, que no miraban al libro.
El libro no es una recopilación de textos que bautiza el compilador, sino una compilación que da forma a un libro ya concebido en la obra de Amanda pero que Echavarren tuvo que recordar: “Hace un par de años, Amanda me dijo que tenía listo un libro que se llamaría La cuidadora del fuego. Me pidió que escribiera el prólogo. ‘Muy bien -respondí-, ¿dónde está el libro?’. Señaló una pila de cuadernos, siete en total, hinchados de papeles sueltos, desde un recibo telefónico hasta un cheque sobre el cual había garrapateado unos versos (el poema “Final”) [...]. Hube de extricar poemas de apuntes de diversa índole, listas de compras, números telefónicos, fragmentos de diario personal. Tales cuadernos convivían con ella, eran sus vademécums”.
El libro revisa diversas zonas del habla sobre la memoria, la autorreflexión vital. Paraísos artificiales que construyo sobre los sueños de Zenón de Elea, La cinta de Moebius y La botella de Klein. Sin embargo, puede percibirse una intensidad pulsional distinta a la de sus otros trabajos, quizá debido a la calidad de apuntes de los poemas que suelen convertirlos en descargas reflexivas, oscuras y contundentes. La poeta parece ya enteramente sola, en esa situación no dejará de preguntarse otra vez esas cosas ya dichas, que, no obstante, son innegociables para su poesía: “¿Y dónde el alma - la vida - la acción - el amor - / la locura - la rosa y el jazmín - apenas engañosas criaturas - / virtuales imágenes de un espejo mágico? / Como en el desierto ¿todo es espejismo? / ”. El libro también incluye una de las últimas entrevistas que la poeta concediera a su par Silvia Guerra.


Publicado por Manuel Barrios en La Diaria


Convocatoria


Estación Pringles, con el auspicio de la Fundación Príncipe Claus para la Cultura y el Desarrollo y la colaboración de la Dirección Gral. de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, convoca a cuatro poetas de países iberoamericanos, menores de treinta y cinco años, a experimentar de un modo literario, en plena pampa, lo que Machado y Ortiz volvieron experiencia tangible en sus libros Soledades, Campos de Castilla, Nuevas canciones (A. Machado) y En el aura del sauce (Juan L. Ortiz).
Los manuscritos de la experiencia realizada (poemas, relato breve o diario poético) integrarán un volumen que será publicado en coedición con Editorial Mansalva y que llevará como título Prueba de soledad en el paisaje.
La experiencia tendrá lugar en el Espacio Quiñihual, ubicado en un paraje rural a 550 km. de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, durante el mes de noviembre de 2010.

Bases y formulario de inscripción disponibles en http://www.estacionpringles.org.ar/
me hundí en mis abismos
salí con barro
-------------musgo
-------------------excrementos
mil veces me hundí
mil veces salí
afuera
el sol quemaba
el frío quemaba
y me volví a hundir
y así esperar
quelosminutoscayerancomountrapecistaciego

Líber Mendizábal

Temperatura

El bochorno se cae de las hojas
que se llenan de agua y reverdecen
La humedad aumenta y el vapor es de sueño
Estamos aquí, entre árboles
Escucha este rumor susurrante que se agacha
ante el silencio de tus manos
Hace un calor de río en caldera
Nadie sabe de hornallas aquí
Pero los árboles crecen con altitud desmedida
No se preocupan por los insectos sobre la tierra
Estos se deslizan como diminutas culebras
y yo pienso en quedarme borracha
apoyada contra el piso respirando con los árboles
en esta fiebre telúrica


Paula Einöder
Del libro "Árbol Experimental"
Venus de Milo de almacén
paraguayo
donde cambias tus monedas

y tiras unos minutos
en una luz que depura tu vida

en la excelsa carne de
la urgencia

rosada

matriz del deseo
humedecido
en el fulgor en la furia
de tu imperio

que deshace el movimiento azul
damasco de tus caderas

más abajo navegás con la boca
el goce

el abanico de desnudez en ella
y todas
las desnudeces

ahora esbelta en gotas
colgando de sus pechos

la nube de la bicicleta

ponchito de amor ese montículo
de rizos

marcando al sueño el paso

abajo

de la raya que divide

espalda vaporosa dueña del erotismo

en acabado movimiento

ritmo de lo violento y de lo suave

elogio de Coca, flor
de un poema inexplicable

vamos siempre en nuestra espumosa pasión
cada vez que estrena

vamos con bombos y platillos
papelitos y banderas

a ver tu película

en la butaca de la nube
entre tus piernas flotadoras

azul verdoso del cuerpo exuberante
de mujer copiosa

refregándose en la blancura
de la espaciosa noche

en el 69
que cierran con sus bocas

¿y cuál es el secreto que sella?

¿la sangre? ¿el corazón?

¿el calor en el fluir del caos?


en todas sus películas
yo ví

coca y agua
agua y coca

en la vidriera del agua
nada


el cuerpo blanco de ópalo volumen
contorneándose
azul lejos cerca del ojo

en la visión

la acróbata,

coca nadadora


y esos hombres que van a ella
los que dicen “ponemos
la música con que se baila”


uno entra cuando le toca-
y era como imaginaba
en el sueño

en las lecturas inconscientes
de los cuerpos que vienen

por los besos
y los mimos del deseo de flor
en ese perseguir primavera


los exudados y los fluidos
juntados consumados
del cosmos de la Diosa
que insemina

la alegría del cuerpo


presente vestido en gotas
de la piscina esmeralda

a la salida del agua

y ahora su cuerpo vestido de saliva


pasea por el sol más allá de la línea

si se ve incandescente genital
fascinada dibujo del placer


casi ensueño
que vuela la gracia
de esa plenitud


y estas manos gastadas
por escribir con la gota
que ahora besás

tus tetas adoradas
tus tetas blancas, derramadas

besadas en su punto

como pupila que ama la lujuria de las formas
y bebe y besa

“mis perros llevan mis collares
que nadie olvide eso”

y en eso

potra fugaz de la lluvia
de las lluvias en las sábanas
sobre carnosas camas que alimenta

blanca lechosa rosada rabiosa

hasta que me echaste moría
de placer

tu flor
perfume ____tan noche
todos los movimientos de la noche


colgué un marco vacío
de la sombra

y comencé a llenarlo
de silencio,
en la pared

como una vertiente
de mí mismo

en otro



Pablo Queralt
Del libro "Coca"

Sobre relojes histrióncos

Hiel bajo la piel,
de hielo gotas sobre las escaleras.
De igual manera,
yo no soy el principio ni la zozobra.

Cien tambores hijos,
sobre la espalda arrugada y sola.
Suelto esta piola,
ahorcando mares de silencio.

Pienso, esa fútil lágrima
cava huera sobre cenizas rojas.
Cómo un árbol sin hojas,
pelado y desnudo ante el tiempo soy.

Hoy, ayer, todavía,
tiembla el eco de aquellas secas gargantas
peladas también y ásperas vencidas
y trémulas de tanto zigzag enfermo
y vueltas de rosca.

De que sirven las carcajadas rojas de
calor si el tiempo me desvela,
el tiempo me desvela para escupirme
firme cual estatua sobre esas frías escaleras.



Augusto Coronel

Concurso de fotografía "Carteles de anuncios en la calle"

Para participar solo tienes que hacer una foto en la que el tema principal sean los carteles de anuncios. Ya sabes, los típicos carteles de alquiler de habitación, clases particulares, etc. que todos conocemos y que puedes ver pegados en muchas de las calles, farolas, marquesinas de autobuses… de tu ciudad.

Bases: http://www.dondepongomicartel.com/2010/07/concurso-de-fotografia-carteles-de-anuncios-en-la-calle

La abuela en el cajón

La abuela en el cajón
nos decía adiós
después del adiós definitivo,
y alguien dijo que a los muertos
les gusta despedirse eternamente.

Mi padre velaba una madre
y al hijo de sí mismo.

Mi madre lloraba la muerte de una nuera.

Yo andaba con un nieto
destrozado entre los brazos.

Había muerto una familia.


Leonardo de León

Exposición colectiva "Lo Urbano"

Exponen:

Fotgrafía- Eduardo Álvarez, Federico Rodríguez, Giorgina Irigoyen, Patricia Turra y Servando Valero

Pintura- Andrés Alvira, Andrea Gelsi, Blanca Minelli, Héctor Perlas y Julián López.

Viernes 9 de Julio de 2010, 19 hs.

Museo Mazzoni de Maldonado, Ituzaingó 789

Horarios de visitas: Martes a Domingo de 10:30 a 17:30 hs.